lunes, 25 de mayo de 2020
Hija de la Luna
Llegó la preciosa mañana, clara y resplandeciente, en que por fin algo se movió por dentro, algo cálido, bello, alegre y honesto. Cuando por fin acabó la noche de los monstruos inengendrados, que no me pertenecían. La noche del sufrimiento y las lenguas muertas y envenenadas. Llegó el día para el que dejar salir la parte genuina y callada, viva y deseosa. El día de elegir por fin esa parte, de la vida que se elige a sí misma, el santo decir sí desde el amor fati, donde ya no tengo más deseo que escucharme de este modo y de ningún otro, desde lo más profundo, y hacer lo mismo contigo. Respirar y tomar tiempo. Porque solo quiero salir de la pesadilla para empezar a pedir deseos, como un grano de arena que brilla en la oscuridad y que va creciendo poco a poco, a base de todo el mimo.
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