No me gusta que sufras, no me gusta ver cómo decae tu fe y tu ánimo. Ya sabes que me resulta difícil hablarte a ti, que eres la persona más importante de mi vida, de la que depende todo lo demás. Quiero que cuentes con toda mi fe y todo mi apoyo incondicional. Quiero ayudarte a ponernos unas metas que nos hagan bien a las dos, antes pensaba que cuidar el exterior sin cuidar el interior no servía para nada, pero podemos intentar hacer las dos cosas a la vez, poco a poco. Vamos a hablar de esas metas que nos queremos poner. Y no van a ser sencillas. Empecemos por ti. Cuando te sientas angustiada o desanimada, recuerda que yo estoy contigo, que estamos haciendo lo mejor que sabemos, que tenemos suerte y no nos va tan mal. Recuerda que puedes hacer el estudio divertido, diversificar las tareas, hablar contigo misma en cada roncón, asociar a cada lugar de una casa un autor. Esquematizar, hablar para memorizar, y repetir con alegría, y en la medida de lo posible, sin pensar. Si te pones triste, ven y abrázame, porque me va a hacer falta. Si te enfadas, ven a que yo te consuele. Llora conmigo. No pierdas la fe en mí, por favor. Recuerda que yo estoy aquí. Y sigamos con los demás. Ese es fuerzo por sentirte animada, poderosa y feliz va a repercutir en las personas que más quieres, que van a estar orgullosas de ti, y tú también. Recuerda que no estás enfadada con ellos, sino con el mundo y con tu dolor, que tantas veces se niega a abandonarnos. Recuerda siempre que el daño que hagas a los demás te lo estás haciendo a ti, y esto se trata de cuidar. Tienes que convencerte de que tratar mal a los demás es tratarte mal a ti. No necesitas defenderte de las personas que te quieren, ellas también sufren, también lo pasan mal. Recuerda que nuestro objetivo es ser una buena compañía, un hogar donde queremos habitar. Y tenemos que hacerlo habitable a los demás. Presta más atención a tus emociones, y procura no juzgarlas. Tenemos que hacerlo poquito a poco. Y tenemos que cuidar nuestro cuerpo también, dejando poco a poco las costumbres nocivas y adquiriendo un hábito de cuidados para nuestro cuerpo y nuestra mente. Y aunque te cueste, tienes que confiar. Porque yo siempre voy a estar aquí, y te voy a perdonar. Déjame que te perdone, déjame que te abrace y te haga olvidar todo eso que no sirve de nada y que solo te hace daño. Recuerda esa sabiduría que tienes para los demás. Has de habituarte a aplicar ese amor para ti. Permítete llorar.
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