En estos peldaños voy jugando, me muevo como si fuera la primera vez que paso por ellos y por fin creo ver el horizonte que se disipa al otro lado; por fin el fin, por fin el umbral que me estaba esperando. Por fin una puerta que se cierra tras de mí para decir adiós para siempre, ante esta identidad que se me presenta nueva, cálida, desafiante y spinoziana. El camello se volvió leon y por fin devinió niño que quiere jugar y acepta el santo decir sí. Las cadenas desaparecen y se convierten en cascada que antaño fue aguacero. La jaula se volvió pájaro y no pienso hacer nada con el miedo.
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