jueves, 30 de marzo de 2017
Si me diese tiempo
Y me odio. Me odio porque soy un mar que permanece en calma durante
demasiado tiempo: tanto que cuando llega la bravura, lo arrasa todo
consigo. Pero mi córtex impide que estalle, y sólo lo sé yo, en cada
calada de un cigarrillo, en cada exhalación de oxígeno perfumado de
primavera. Porque no, algo me impide dar ese salto, porque sé que es
mortal. Que el orgullo me impide sincerarme. Porque no acepto el
rechazo. Deseo que adivines que estoy llena de tempestades por
dentro. Esas que tampoco a ti te comunico, siempre en calma, con
millones de ideas y pensamientos haciendo zig zag en mi mente; sin que
lleguen a salir a la superficie, porque ninguno de ellos tiene potestad para hacerlo. Ninguno es firme. Son miles de murmullos, de arrullos que te
vienen, mientras los demás simplemente hablan, tú callas, callas y
piensas. Y por eso los demás creen que tal vez no tengo nada que decir,
que tal vez no soy interesante o no tengo conocimientos respecto a lo
que se habla. Porque al ser un mar dormido, guardo todo aquello que
aprendo, y hasta lo olvido. Hace tiempo que nada me devuelve la
ambrosía, hasta que ha llegado la primavera, en forma de deseo, cuando
querría sublimar y hacer Mi Obra. Pienso en sus ojos y me duele. Pienso
en su forma de escribir, de arrullarme con cada palabra, y me duele. El
deseo es proporcional a la rabia de la lejanía y la indiferencia. Esa
suculenta combinación de timidez, orgullo y deseo inoportuno hace que mi
vida se base en una sucesión de fracasos continuos. Por no
hablar de las relaciones. Es ahí donde llego a
dormirme. Es donde comienza el sueño infinito. Porque tardo un abismo en
ser consciente de que lo que me está matando es esa falta de dopamina; y
antes de contemplar esa posibilidad, contemplo tantas miles absurdas
que sólo me hacen daño. Comparaciones ridículas, inseguridades vanas. Y
no, no soy yo. Simplemente no es lo que busco. Y necesito dos malditos
años para darme cuenta. Y es que ni siquiera se trata de culpas. Se trata de
que sé que seguramente, en
otro escenario, con otro personaje, me sentiría igual. Y tal vez por eso
fantaseo continuamente con ser otra persona. Otro mar. Porque me empeño
en creer que la vida de los demás es como una melodía más acompasada;
como una historia con un final predestinado, que uno busca porque ya
conoce. Mientras yo siento que no dejo de ensayar en una vida que se
me escapa. Y se sigue escapando mientras no encuentro el Camino. Por eso
hoy me iría corriendo, si pudiera. A buscar un cuento lleno de ventajas.
Si me dejara. Si me diese tiempo.
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