martes, 12 de julio de 2016

Debo tener alguna puerta cerrada

Ella llegó empañando con su presencia toda la estancia. No sabía qué querría de mí. Me mantuve al margen durante tanto tiempo que cuando quise reaccionar, era tarde. O eso creía yo.
¿Por qué las esencias pueden dormir durante tanto tiempo? Eso me gustaría saber a mí.
Porque ahora tenía que lidiar con ella, aceptarla sin conocerla. Despertarla. Esperar a que me perdonara. Esforzarme en hablar con ella. Acercarme sigilosa, tímida; ella olía mi desconfianza. Por eso no quería que me acercara.
Me dijo que había estado aguardando en cada rincón, en cada película, en cada emoción que no dejé manifestarse. Mirándome y viendo cómo yo no me daba cuenta; queriendo participar y jugar, sin poder hacerlo. Y ahora tenía que luchar porque quisiera quedarse conmigo. Y prometer no volver a mirar más hacia fuera. Quedarnos dentro y obligarme a abrir esa puerta tanto tiempo cerrada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario